6.3 Cuentos «recientes»

Seguim publicant petits escrits (en té de grans que no publicam per raó d’espai..) d’aquest autor cubà, òbviament en castellà.

 

EL FIN Y EL MEDIO

El bien deseado se hallaba muy alto. Para llegar a él hacía falta un instrumento, un ingenio que facilitara la ascensión. Entonces alguien inventó la escalera. -Es sencillo, -dijo, -dos varas bien largas con travesaños que las unan de trecho en trecho. Usándolos como escalones llegaremos a lo alto. Pero enseguida, otras voces alertaron: -Hay que hacerla resistente, -será necesario disponer con regularidad los peldaños, -estos deben insertarse a un determinado ángulo, -debe usarse apoyada, etc. etc. etc. Surgieron de la nada, diseñadores y teóricos, expertos en el uso de la escala, en su construcción y mantenimiento. Divididas las opiniones, cada grupo divulgó su diseño, proclamando ineficaces a los restantes. Enfrascados en esas disputas, ya nunca más intentaron alcanzar el bien.

 

TRIÁNGULO AMOROSO

Ella compartía su ángulo adyacente con un elemento insignificante, corto. Yo era su opuesto, me sobraba longitud. Quizás por esta diferencia, convergía conmigo en una unión cómplice, a espaldas del otro. La muy pérfida, sabía envanecernos, pues elevaba a cada cual su potencia y por eso la disputamos tercamente. Al final, jugó con ambos un doble adulterio y nos extrajo la raíz. Se llamaba Hipotenusa

UN VIEJO COMBATE

La Verdad y La Mentira estaban exhaustas. Habían combatido largamente sin lograr vencer a la otra. Ya ninguna podía seguir luchando. Para decidir el triunfo era imprescindible que buscara cada una su aliado y que la fuerza de éste inclinara la balanza. La Mentira llamó al hombre con sus trucos y fantasías. Pero La Verdad confió su ayuda en El Tiempo Todopoderoso. Por eso al final La Verdad siempre triunfa.

EL GRAN MAESTRO

Les enseñó a escalar montañas y cuando aprendieron, prohibió el alpinismo.

COSTUMBRE

Al elefante, desde pequeño, lo acostumbraron a estar atado por cadenas a una estaca hincada en el suelo. Sus infantiles esfuerzos no eran capaces de librarlo. Cuando creció y tuvo fuerzas suficientes para ello, ya conservaba en la memoria sus anteriores y frustrados intentos. Con la misma estaca, ya inservible, lograban mantenerlo cautivo. Al indio, al negro y a la mujer, le hicieron lo mismo.

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